La Divina Comedia
La Divina Comedia Y yo: «Me hace marchar con tantas dudas
esa nueva visión, que a ella me inclina,
y no puedo apartar del pensamiento.»
«Has visto —dijo— aquella antigua bruja
por quien se llora encima de nosotros;
y cómo de ella el hombre se libera.
Bástete asÃ, y camina más aprisa;
vuelve la vista al reclamo que mueve
el rey eterno con las grandes ruedas.»
Cual primero el halcón sus patas mira,
y luego vuelve al grito, y se apresura
por afán de la presa que le llama,
asà hice yo; y asÃ, cuanto se parte
la roca por dar paso a aquel que sube,
anduve hasta llegar donde se cruza.
Cuando en el quinto cÃrculo hube entrado,
vi por aquel a gentes que lloraban,
tumbados en la tierra boca abajo.
Adhaesit pavimento anima mea'
oà decir con tan altos suspiros,
que apenas se entendÃan las palabras.
«Oh elegidos de Dios, cuyos sufrires
justicia y esperanza hacen más blandos,
hacia la alta subida dirigirnos.»
«Si venÃs de yacer aquà librados,
y queréis pronto hallar vuestro camino,
llevad siempre por fuera la derecha.»