La Divina Comedia
La Divina Comedia Así rogó el poeta, y contestado
fue así poco delante de nosotros; y yo
descubrí en el hablar a un escondido;
y a los de mi sefíor volví los ojos:
él asintió con ceño placentero,
a aquello que mi vista le pedía.
Luego que pude hacer lo que gustaba,
me puse sobre aquella criatura,
cuyas palabras mi atención movieron,
«Alma —diciendo— en cuyo llanto eso
que no puede volver a Dios madura,
deja un poco por mí el mayor cuidado.
¿Quién fuisteis, y por qué vuelta la espalda
tenéis arriba.P ¿Quieres que te pida
algo de allí de donde vengo vivo?»
Y él me dijo: «El porqué nuestras espaldas
vuelve el cielo hacia sí, sabrás; mas antes
scías quod ego fui succesor Petri
Entre Siestri y Chiavani va corriendo
un río hermoso, y en su nombre tiene
el título mi estirpe más preciado.
Cómo pesa el gran manto a quien lo guarda
del fango, provee un mes y poco más;
plumas parecen todas otras cargas.
Mi conversión tardía fue, ¡Ay de mí!;
pero cuando elegido fui romano
pastor, vi que la vida era mentira.