La Divina Comedia
La Divina Comedia me encontré entre las manos con las riendas
del gobierno, y con tanto poderío
adquirido, y con tantos partidarios,
que a la corona viuda promovida
fue la cabeza de mi hijo, el cual
hizo nacer los consagrados huesos.
Mientras que la gran dote de Provenza
no quitó la vergüenza de mi estirpe,
valía poco, pero mal no hacía.
Allí empezó con fuerza y con mentira
su rapiña; mas luego, por enmienda,
Ponthieu tomó, Gascuña y Normandía.
Carlos a Italia vino y, por enmienda,
víctima hizo a Corradino; y luego
a Tomás, por enmienda, empujó al cielo.
Un tiempo veo, no muy lejos de ese,
en que saldrá de Francia aún otro Carlos,
para que sepan más de él y los suyos.
Sale sin armas, con la lanza sólo
con la que judas contendió, y la clava
en Florencia, y el vientre le desgarra.
Tierras no, mas pecados y deshonra,
para él adquirirá, tanto más graves,
cuanto más leve el daño le parezca.
A otro, que sale preso de una nave,
a su hija vender regateando
veo cual los corsarios las esclavas.