La Divina Comedia
La Divina Comedia Acaso tiemble abajo, poco o mucho,
mas por mucho que el viento allá se esconda,
no sé cómo, aquí arriba nunca tiembla.
Tiembla cuando algún alma ya limpiada
se siente, y se levanta o se encamina
para subir; y tal grito la sigue.
Da prueba ese deseo de estar limpia,
que, libre ya para mudar de sitio,
toma al alma y la empuja con deseo.
Antes lo quiso, y lo impidió el talento
pues contra ese deseo, la Justicia,
como fue en el pecar, pone al castigo.
Y yo que en estas penas he yacido
más de quinientos años, sólo ahora
anhelo libremente un mejor solio:
por eso el terremoto y los piadosos
espíritus oisteis, alabando
a aquel Señor, que pronto los reclame.»
Así nos dijo; y tal como disfruta
más del beber quien tiene sed más grande,
no podría explicar mi gran contento.
Y el sabio guía: «Ya comprendo ahora
la red que os prende y cómo deslazarla,
y por qué hay regocijos y temblores.
Ahora quién fuiste plázcate contarme,
y por qué tantos siglos has yacido
aquí, muéstramelo con tus palabras.»