La Divina Comedia
La Divina Comedia «Me prueba tu cariño lo que dices.
En verdad muchas veces pasan cosas
que dan materia falsa a nuestras dudas,
porque la causa cierta está escondida.
Tu pregunta me muestra que pensabas
que en la otra vida hubiera sido avaro,
acaso pues me viste en aquel círculo.
Sabe pues que alejado de avaricia
fui demasiado; y esta desmesura
miles de lunas castigada ha sido.
Y si el rumbo no hubiese enderezado,
al comprender allí donde escribías,
casi irritado con el ser del hombre,
«¿Por dónde no conduces tú, maldita
hambre de oro, el afán de los mortales?»
en los tristes torneos diera vueltas.
Supe entonces que mucho abrir las alas
puede gastar las manos, y de esa
falta me arrepentí cual de las otras.
¿Cuántos renacerán todos pelados
por ignorancia, pues quien peca en esto,
ni en vida, ni al extremo se arrepiente?
Y sabrás que la culpa que replica,
y diametral se opone a algún pecado,
juntamente con él su verdor seca;
por lo cual si con esa gente estuve
que llora la avaricia, por purgarme