La Divina Comedia
La Divina Comedia y tomé por costumbre el visitarles.
Tan santos luego fueron pareciendo,
que en la persecución de Domiciano,
sin mis lágrimas ellos no lloraban;
y mientras que en mi mano hacerlo estuvo
les ayudaba, y con sus rectas vidas
me hicieron despreciar toda otra secta.
Y antes de poetizar sobre los griegos
y sobre Tebas, tuve mi bautismo;
pero por miedo fui un cristiano oculto,
mostrándome pagano mucho tiempo;
y esa tibieza en el recinto cuarto
me recluyó por más de cuatro siglos.
Tú pues, que ya este velo has levantado
que me escondÃa cuanto bien he dicho,
mientras que de subir nos ocupamos,
dónde está, dime, aquel Terencia antiguo,
Varrón, Plauto, Cecilio, si lo sabes:
y si están condenados y en qué cÃrculo.»
Esos y Persio, y yo, y bastantes otros
—le respondió— se encuentran con el Griego
a quien las musas más amamantaron,
en el primer recinto de la cárcel;
y hablarnos muchas veces de aquel monte
donde nuestras nodrizas se hallan siempre.
También están Simónides y EurÃpides,
Antifonte, Agatón y muchos otros