La Divina Comedia
La Divina Comedia ya para aullar sus bocas abrirÃan;
pues si el vaticinar aquà no engaña,
sufrirán antes de que crezca el bozo
a los que ahora con nanas consuelan.
Ahora ya no te escondas más, oh hermano,
que no sólo yo, más toda esta gente,
mira el lugar donde la luz no pasa.»
Por lo que yo le dije: «Si recuerdas
lo que fui para ti, y para mi fuiste,
aún será triste el recordar presente.
De aquella vida me sustrajo aquel
que va delante, el otro dÃa, cuando
redonda se mostró la hermana de ese
—señalé el sol. Y aquél por la profunda
noche llevóme de los muertos ciertos
con esta carne cierta que le sigue.
De allà con sus auxilios me ha traÃdo,
subiendo y rodeando la montaña,
que os endereza a los que el mundo tuerce.
Dice que habrá de hacerme compañÃa
hasta que esté donde Beatriz se encuentra;
allà es preciso que sin él me quede.
Virgilio es quien tal cosa me ha contado
—y se lo señalé—; y aquél la sombra
por quien se ha conmovido cada cuesta
de vuestro reino del que ya se marcha.»