La Divina Comedia
La Divina Comedia y parece dispuesto a triste ruina.»
Y él: «Ánimo, pues veo al más culpable,
arrastrado a la cola de un caballo
hacia aquel valle donde no se purga.
La bestia a cada paso va más rauda,
siempre más, hasta que ella le golpea,
y deja el cuerpo vilmente deshecho.
No mucho han de rodar aquellas ruedas
—y miró al cielo— y claro habrá de serte
esto que más no puedo declararte.
Ahora quédate aquí, que es caro el tiempo
en este reino, y ya perdí bastante
caminando contigo paso a paso.»
Como al galope sale algunas veces
un jinete del grupo que cabalga,
por ganar honra en los primeros golpes,
con pasos aún mayores nos dejó;
y me quedé con esos dos que fueron
en el mundo tan grandes mariscales.
Y cuando estuvo ya tan adelante,
que mis ojos seguían tras de él,
como mi mente tras de sus palabras.
vi las ramas cargadas y frondosas
de otro manzano, no mucho más lejos
por haber sólo entonces hecho el giro
Vi gentes bajo aquel alzar las manos
y gritar no sé qué hacia la espesura,