La Divina Comedia
La Divina Comedia a otra novedad que entonces vino;
que por medio de aquel sendero ardiente
vino gente mirando hacia los otros,
lo cual, suspenso, me llevó a observarlo.
Apresurarse vi por todas partes
y besarse a las almas unas a otras
sin pararse, felices de tal fiesta;
asà por medio de su hilera oscura
una a la otra se hocican las hormigas,
por saber de su suerte o su camino.
En cuanto dejan la acogida amiga,
antes de dar siquiera el primer paso,
en vocear se cansan todas ellas:
la nueva gente: «Sodoma y Gomorra»;
los otros: «En la vaca entra Pasifae,
para que el toro corra a su lujuria.»
Después como las grullas que hacia el Rif
vuelan en parte, y parte a las arenas,
o del hielo o del sol haciendo ascos,
una gente se va y otra se viene;
vuelven llorando a sus primeros cantos
y a gritar eso que más les atañe;
y acercáronse a mÃ, como hace poco
esos otros habÃanme rogado,
deseosos de oÃr en sus semblantes.
Yo que dos veces viera su deseo;
«Oh almas ya seguras —comencé—