La Divina Comedia

La Divina Comedia

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de conseguir la paz tras de algún tiempo,

no han quedado ni verdes ni maduros

allí mis miembros, mas aquí los traigo

con su sangre y sus articulaciones.

Subo para no estar ya nunca ciego;

una mujer me obtuvo la merced,

de venir con el cuerpo a vuestro mundo.

Mas vuestro anhelo mayor satisfecho

sea pronto, y así os albergue el cielo

que lleno está de amor y más se espacia,

decidme, a fin de que escribirlo pueda,

quiénes seáis, y quién es esa turba

que se marchó detrás a vuestra espalda.»

No de otro modo estúpido se turba

el montañés, y mira y enmudece,

cuando va a la ciudad , rudo y salvaje,

que en su apariencia todas esas sombras;

más ya de su estupor recuperadas,

que de las altas almas pronto sale,

«¡Dichoso tú que de nuestras regiones

—volvió a decir aquel que habló primero—,

para mejor morir sapiencia adquieres!

La gente que no viene con nosotros,

pecó de aquello por lo que en el triunfo

César oyó que "reina" lo llamaban:

por eso vanse gritando "Sodoma",

reprobándose a sí, como has oído,


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