La Divina Comedia
La Divina Comedia con su vergüenza el fuego acrecentando.
Hermafrodita fue nuestro pecado;
y pues que no observamos ley humana,
siguiendo el apetito como bestias,
en nuestro oprobio, por nosotros se oye
cuando partimos el nombre de aquella
que en el leño bestial bestia se hizo.
Ya sabes nuestros actos, nuestras culpas:
y si de nombre quieres conocemos,
decirlo no sabría, pues no hay tiempo.
Apagaré de mí, al menos, tus ganas:
Soy Guido Guinizzelli, y aquí peno
por bien antes del fin arrepentirme.»
Igual que en la tristeza de Licurgo
hicieron los dos hijos a su madre,
así hice yo, pero sin tanto ímpetu,
cuando escuché nombrarse él mismo al padre
mío y de todos, el mejor que rimas
de amor usaron dulces y donosas;
y pensativo, sin oír ni hablar,
contemplándole anduve un largo rato,
mas, por el fuego, sin aproximarme.
Luego ya de mirarle satisfecho,
me ofrecí enteramente a su servicio
con juramentos que a otros aseguran.
y él me dijo: «Tú dejas tales huellas
en mí, por lo que escucho, y tan palpables,