La Divina Comedia
La Divina Comedia bajo el cual si sumisa hubiera estado,
habría yo gozado esas delicias
inefables, aún antes y más tiempo.
Mientras yo caminaba tan absorto
entre tantas primicias del eterno
placer, y deseando aún más deleite,
cual un fuego encendido, ante nosotros
el aire se volvió bajo el ramaje;
y el dulce son cual canto se entendía.
Oh sacrosantas vírgenes, si fríos
por vosotras sufrí, vigilias y hambres,
razón me urge que a favor os mueva.
El manar de Helicona necesito,
y que Urania me inspire con su coro
poner en verso cosas tan abstrusas.
Más adelante, siete árboles áureos
falseaba en la mente el largo trecho
del espacio que había entre nosotros;
pero cuando ya estaba tan cercano
que el objeto que engaña los sentidos
ya no perdía forma en la distancia,
la virtud que prepara el intelecto,
me hizo ver que eran siete candelabros,
y Hosanna era el cantar de aquellas voces.
Por encima el conjunto flameaba
más claro que la luna en la serena
medianoche en el medio de su mes.