La Divina Comedia
La Divina Comedia Tan raras veces, padre, eso se logra,
triunfando como césar o poeta,
culpa y vergüenza del querer humano,
que debiera ser causa de alegría
en el délfico dios feliz la fronda
penea, cuando alguno a aquélla aspira.
Gran llama enciende una chispa pequeña:
quizá después de mí con voz más digna
se ruegue a fin que Cirra le responda.
La lámpara del mundo a los mortales
por muchos huecos viene; pero de ése
que con tres cruces une cuatro círculos,
con mejor curso y con mejor estrella
sale a la par, y la mundana cera
sella y calienta más al modo suyo.
Allí mañana y noche aquí había hecho
tal hueco, y casi todo allí era blanco
el hemisferio aquel, y el otro negro,
cuando Beatriz hacia el costado izquierdo
vi que volvía y que hacia el sol miraba:
nunca con tal fijeza lo hizo un águila.
Y así como un segundo rayo suele
del primero salir volviendo arriba,
cual peregrino que tomar desea,
este acto suyo, infuso por los ojos
en mi imaginación, produjo el mío,
y miré fijo al sol cual nunca hacemos.