La Divina Comedia

La Divina Comedia

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Allí están permitidas muchas cosas

que no lo son aquí, pues ese sitio

para la especie humana fue creado.

Mucho no lo aguanté, mas no tan poco

que alrededor no viera sus destellos,

cual un hierro candente el fuego deja;

y de súbito fue como si un día

se juntara a otro día, y Quien lo puede

con otro sol el cielo engalanara.

En las eternas ruedas por completo

fija estaba Beatriz: y yo mis ojos

fijaba en ella, lejos de la altura.

Por dentro me volví, al mirarla, como

Glauco al probar la hierba que consorte

en el mar de los otros dioses le hizo.

Trashumanarse referir per verba

no se puede; así pues baste este ejemplo

a quien tal experiencia dé la gracia.

Si estaba sólo con lo que primero

de mí creaste, amor que el cielo riges,

lo sabes tú, pues con tu luz me alzaste.

Cuando la rueda que tú haces eterna

al desearte, mi atención llamó

con el canto que afinas y repartes,

tanta parte del cielo vi encenderse

por la llama del sol, que lluvia o río

nunca hicieron un lago tan extenso.


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