La Divina Comedia
La Divina Comedia La novedad del son y el gran destello
de su causa, un anhelo me inflamaron
nunca sentido tan agudamente.
Y entonces ella, al verme cual yo mismo,
para aquietarme el ánimo turbado,
sin que yo preguntase, abrió la boca,
y comenzó: «Tú mismo te entorpeces
con una falsa idea, y no comprendes
lo que podrías ver si la desechas.
Ya no estás en la tierra, como piensas;
mas un rayo que cae desde su altura
no corre como tú volviendo a ella.»
Si fui de aquella duda desvestido,
con sus breves palabras sonrientes,
envuelto me encontré por una nueva,
y dije: «Ya contento requïevi
de un asombro tan grande; mas me asombro
cómo estos leves cuerpos atravieso.»
Y ella, tras suspirar piadosamente,
me dirigió la vista con el gesto
que a un hijo enfermo dirige su madre,
y dijo: «Existe un orden entre todas
las cosas, y esto es causa de que sea
a Dios el universo semejante.
Aquí las nobles almas ven la huella
del eterno saber, y éste es la meta
a la cual esa norma se dispone.