La Divina Comedia
La Divina Comedia para que se hagan unos los quereres;
y asà el estar en uno u otro grado
en este reino, a todo el reino place
como al Rey que nos forma en sus deseos.
Y en su querer se encuentra nuestra paz:
y es el mar al que todo se dirige
lo que él crea o lo que hace la natura.»
Vi claramente entonces cómo el cielo
es todo paraÃso, etsi la gracia
del sumo bien no llueva de igual modo.
Mas como cuando sacia un alimento
y aún tenemos más ganas de algún otro,
que uno pedimos y otro agradecemos,
hice yo asà con gestos y palabras,
para saber cuál fuese aquel tejido
que hasta el fin no labró su lanzadera.
«Perfecta vida y méritos encumbran
—me dijo— a una mujer por cuya regla
se visten velo y hábito en el mundo,
para que hasta el morir se vele y duerma
con esposo que acepta cualquier voto
que a su placer la caridad conforma.
Del mundo, por seguirla, jovencita
me escapé, refugiándome en sus hábitos,
y prometà seguir por su camino.
Hombres no al bien, al mal, acostumbrados,
luego del dulce claustro me raptaron.