La Divina Comedia
La Divina Comedia que las puertas de Jano se cerraron.
Mas lo que el signo del que estoy hablando,
hizo primeramente y luego haría,
por el reino mortal al que subyuga,
se vuelve en apariencia oscuro y poco,
si en manos del tercer César la vemos
con vista clara y con afecto puro;
pues la viva justicia que me inspira,
le concedió, en las manos del que digo,
la gloria de vengar su santa cólera.
Y asómbrate de lo que digo ahora:
corrió después con Tito a hacer venganza
de la venganza del pecado antiguo.
Y al morder los lombardos a la Santa
Iglesia con sus dientes, Carlomagno
la socorrió, venciendo, con sus alas.
Ahora puedes juzgar a esos que antes
me escuchaste acusar, y sus pecados,
que son causa de todas vuestras penas.
Uno al signo común los amarillos
lirios opone, y otro se lo apropia,
y es difícil saber quién más se engaña.
Urdan los gibelinos, urdan tretas
bajo otro signo, que mal sigue a éste
aquel que de él aparta la justicia;
y que este nuevo Carlos no lo abata
con sus güelfos, mas tema de sus garras