La Divina Comedia
La Divina Comedia y en los primeros que se aparecieron
tal hosanna se oía, que las ansias
de escucharlo otra vez nunca he perdido.
Entonces uno se acercó a nosotros
y dijo: «Estamos todos preparados
para darte placer y recrearte.
Girarnos con los príncipes celestes
con un mismo girar y una sed misma,
de la cual tú en el mundo ya cantaste:
«Los que moveis pensando el tercer áeio»;
y tal amor nos colma, que no menos
dulce, por complacerte, es el pararnos.»
Luego de haber mis ojos reverentes
puesto en mi dama, y que ella les hubiera
satisfecho mostrando su aquiescencia,
volviéronse a la luz que una tan grande
promesa había hecho, y: «Quiénes sois»
dijo mi voz de gran afecto llena.
¡Y cuánto y cómo vi que se crecía
con esta dicha nueva que aumentaba
su dicha, al dirigirle mi pregunta!
Dijo, así transformada: «Poco tiempo
del mundo fui; y si más hubiera sido,
muchos males que habrá, no los habría.
Mi contento no deja que me veas
porque brillando alrededor me oculta
como animal en su seda encerrado.