La Divina Comedia
La Divina Comedia Mucho me amaste, y tuviste motivos;
pues si hubiese vivido, hubieras visto
de mi cariño más que sólo hojas.
Aquella orilla izquierda que al mezclarse
bañan el rÃo Ródano y el Sorga,
por señor a su hora me esperaba,
Y aquel cuerno de Ausonia limitado
por Catona, por Baria, por Gaeta,
donde el Verde y el Tronto desembocan.
Ya lucÃa en mi frente la corona
de aquella tierra que el Danubio riega
cuando abandona la margen tedesca.
Y la hermosa Trinacria, que se anubla
entre Peloro y Pachino, en el golfo
que el Ãmpetu del Euro más recibe,
no por Tifeo sino del azufre,
aún hubiera esperado sus monarcas,
de Carlos y Rodolfo en mà nacidos,
si el mal gobierno, que atormenta siempre
a los pueblos sujetos no forzase
a gritar a Palermo: "Muerte, muerte."
Y si mi hermano hubiese esto previsto,
de Cataluña la pobreza avara
evitarÃa que daño le hiciese;
pues proveer debieran ciertamente,
él u otros, a fin de que a su barca
cargada, aún otra carga no se agregue.