La Divina Comedia
La Divina Comedia Y su carácter que de largo a parco
bajó, precisarÃa capitanes
no preocupados de amasar dinero.»
«Puesto que creo que la alta alegrÃa
que tu hablar, señor mÃo, me ha causado,
donde se inicia y cesa todo bien
la ves del mismo modo que la veo,
me es más grata; y también me causa gozo
pues contemplando a Dios la has advertido.
Gusto me diste, ponme en claro ahora,
pues me han causado dudas tus palabras,
cómo dulce semilla da amargura.»
Esto le dije; y él a mi «Si puedo
mostrarte una verdad, a tu pregunta
el rostro le darás y no la espalda.
El bien que todo el reino que tú asciendes
alegra y mueve, con su providencia
hace que influyan estos grandes cuerpos.
Y no sólo provistas las naturas
son en la mente que por sà es perfecta,
mas su conservación a un tiempo mismo:
por lo que todo aquello que dispara
este arco a su fin previsto llega,
cual se clava la flecha en su diana.
Si asà no fuese, el cielo que recorres
tendrÃa de este modo efectos tales
que no serÃan arte, sino ruinas;