La Divina Comedia
La Divina Comedia Cuando estuvimos ambos en el leño,
hendiendo se marchó la antigua proa
el agua más que suele con los otros.
Mientras que el muerto cauce recorrÃamos
uno, lleno de fango vino y dijo:
«¿Quién eres tú que vienes a destiempo?»
Y le dije: « Si vengo, no me quedo;
pero ¿quién eres tú que estás tan sucio?»
Dijo: «Ya ves que soy uno que llora.»
Yo le dije: «Con lutos y con llanto,
puedes quedarte, espÃritu maldito,
pues aunque estés tan sucio te conozco.»
Entonces tendió al leño las dos manos;
mas el maestro lo evitó prudente,
diciendo: «Vete con los otros perros.»
Al cuello luego los brazos me echó,
besóme el rostro y dijo: «!Oh desdeñoso,
bendita la que estuvo de ti encinta!
Aquel fue un orgulloso para el mundo;
y no hay bondad que su memoria honre:
por ello está su sombra aquà furiosa.
Cuantos por reyes tiénense allá arriba,
aquà estarán cual puercos en el cieno,
dejando de ellos un desprecio horrible.»`
Y yo: «Maestro, mucho desearÃa
el verle zambullirse en este caldo,
antes que de este lago nos marchemos.»