La Divina Comedia
La Divina Comedia y escuché dentro de una de ellas: «Cuando
el rayo de la gracia, en que se enciende
un verdadero amor que amando aumenta,
tanto ilumina en ti multiplicado,
que por esa escalera te conduce
que nadie baja sin subir de nuevo;
quien te negase el vino de su bota
para tu sed, más libre no sería
que el agua de correr hacia los mares.
Quieres saber qué flores engalanan
esta guirnalda con que se embellece
la hermosa dama que al cielo te empuja.
Yo fui cordero del rebaño santo
que conduce Domingo por la senda
que hace avanzar a quien no se extravía.
Este que a mi derecha está más cerca
fue mi hermano y maestro, él es Alberto
de Colonia, y yo soy Tomás de Aquino.
Y si quieres saber de los demás
sigue con tu mirada mis palabras
dando la vuelta en este santo círculo.
Sale aquel resplandor de la sonrisa
de Graziano, que al uno y otro fuero
dio su ayuda, ganando el paraíso.
Quien cerca de él adorna nuestro coro
fue el Pedro que al igual que aquella viuda,
su tesoro ofreció a la Santa Iglesia.