La Divina Comedia
La Divina Comedia Como se aviva cuando el viento sopla
el carbón encendido, asà vi a aquella
luz brillar con mi hablar respetuoso;
y haciéndose más bella ante mis ojos,
asà con voz más dulce y más suave,
mas no con este lenguaje moderno,
me dijo: «Desde el dÃa en que fue dicho
"Ave", hasta el parto en que mi santa madre,
se vio libre de mÃ, que la gravaba,
a su León quinientas y cincuenta
y treinta veces este fuego vino
a inflamarse otra vez bajo sus plantas.
Mis mayores y yo nacimos donde
primero encuentra el último distrito
quien corre en vuestros juegcos anuales.
De mis mayores basta escucha esto:
quiénes fueran y cuál su procedencia,
más conviene callar que declararlo.
Todos los que podÃan aquel tiempo
entre el Bautista y Marte llevar armas,
eran el quinto de los que hay ahora.
Mas la ciudadanÃa, ahora mezclada
de Campi, de Certaldo y de Fegghine,
pura se hallaba hasta en los artesanos.
¡Oh cuánto mejor fuera ser vecino
de esas gentes que digo, y a Galluzzo
y a Trespiano tener como confines,