La Divina Comedia
La Divina Comedia ¡Cuán altos vi a los que ahora están deshechos
por su soberbia! y las bolas de oro
con sus gestas Florencia florecÃan.
Asà hacÃan los padres de esos que,
cuando queda vacante vuestra iglesia,
engordan acudiendo al consistorio.
Esa insolente estirpe que se endraga
tras los que huyen, y a quien muestra el diente
o la bolsa, se amansa cual cordero,
iba ascendiendo, mas de humilde origen;
y a Ubertino Donati no placÃa
que luego el suegro con ella le uniese.
Ya hasta el mercado habÃa el Caponsacco
de Fiésole venido, y ciudadanos
eran ya buenos Guida e Infangato.
Diré una cosa cierta e increÃble:
daba la entrada al recinto una puerta
que de los Pera su nombre tomaba.
Los que hoy ostentan esa bella insignia
del gran barón con cuya prez y nombre
la fiesta de Tomás se reconforta,
de él recibieron mando y privilegio;
aunque se ponga hoy junto a la plebe
quien la rodea con franja de oro.
Ya estaban Gualterotti e Importuni;
y aún estarÃa el Burgo más tranquilo,
ayuno de estas nuevas vecindades.