La Divina Comedia
La Divina Comedia Bien sé que si en el cielo de otro reino
la justicia divina hace su espejo
veladamente el vuestro no la mira.
Sabéis que atentamente me: dispongo
a escucharos; sabéis cuál es la duda
que en ayunas me tuvo tanto tiempo.»
Como halcón al que quitan la capucha,
que mueve la cabeza y bate alas
ganas mostrando y haciéndose hermoso,
contemplé a aquella imagen, que con loas
a la divina gracia era formada,
con cantos que conoce el que lo goza.
Dijo después: «El que volvió el compás
hasta el confín del mundo, y dentro de éste
guardó lo manifiesto y lo secreto,
no podía imprimir su poderío
en todo el universo, de tal modo
que su verbo no fuese aún infinito.
Y esto confirma que el primer soberbio,
que de toda criatura fue la suma,
por no esperar la luz cayó inmaduro;
mostrando que cualquier naturaleza
menor, es sólo un corto receptáculo
del bien que no se acaba y no se mide.
Por lo cual nuestra vista, que tan sólo
ha salido de un rayo de la mente
de que todas las cosas están llenas,