La Divina Comedia
La Divina Comedia no puede valer tanto por sà misma,
que no sepa que está mucho más lejos
su principio de lo que se le muestra.
Por eso en la justicia sempiterna
la vista que recibe vuestro mundo,
igual que el ojo por el mar, se adentra;
que, aunque en la orilla puede ver el fondo,
no lo ve en alta mar; y no está menos
allÃ, pero lo esconde el ser profundo.
No hay luz, si no procede de la calma
imperturbable; y fuera es la tiniebla,
o sombra de la carne, o su veneno.
Bastante ya te he abierto el escondrijo
que te escondÃa la justicia viva,
que con tanta frecuencia cuestionaste;
diciendo: "Un hombre nace en la ribera
del Indo, y no hay allà nadie que hable
de Cristo ni leyendo ni escribiendo;
y todos sus deseos y actos buenos,
por lo que entiende la razón del hombre,
están sin culpa en vida y en palabras.
Y muere sin la fe y sin el bautismo:
¿Dónde está la justicia al condenarle?
¿y dónde está su culpa si él no cree?"
¿Quién eres tú para querer sentarte
a juzgar a mil millas de distancia
con tu vista que sólo alcanza un palmo?