La Divina Comedia
La Divina Comedia El que sigue, conmigo y con las leyes,
bajo buena intención que dio mal fruto,
por ceder al pastor se tornó griego:
ahora sabe que el mal que ha derivado
de aquel buen proceder, no le es dañoso
aunque por ello el mundo se destruya.
Y aquel que está donde el arco desciende,
fue Guillermo, a quien llora aquella tierra
que a Federico y Carlos ahora sufre:
ahora sabe en qué modo se enamora
de un justo rey el cielo, y en el brillo
de su semblante así lo manifiesta.
¿Quién creería en el mundo en que se yerra
que el troyano Rifeo en este arco
fuese la quinta de las santas luces?
Ahora ya sabe más de eso que el mundo
no puede ver de la divina gracia,
aunque su vista el fondo no discierna.»
Como la alondra que vuela en el aire
cantando, y luego calla satisfecha
de la última dulzura que la sacia,
tal pareció la imagen del emblema
del eterno poder, a cuyo gusto
todas las cosas adquieren su ser.
Y aunque yo con mis dudas casi fuese
cristal con el color que le recubre,
no pude estar callado mucho tiempo,