La Divina Comedia
La Divina Comedia alma santa que te hallas escondida
dentro de tu alegría, haz que yo sepa
por qué de mí te has puesto tan cercana;
y por qué en esta rueda se ha callado
la dulce sinfonía de los cielos,
que tan piadosa en las de abajo suena.»
«Mortal tienes la vista y el oído,
por eso no se canta aquí —repuso—
al igual que Beatriz no tiene risa.
Por la santa escalera he descendido
únicamente para recrearte
con la voz y la luz que me rodea;
mayor amor más presta no me hizo,
que tanto o más amor hierve allá arriba,
tal como el flamear te manifiesta.
Mas la alta caridad, que nos convierte
en siervas de aquel que el mundo gobierna
aquí nos destinó, como estás viendo.»
«Bien veo, sacra lámpara, que un libre
amor —le dije basta en esta corte
para seguir la eterna providencia;
mas no puedo entender tan fácilmente
por qué predestinada sola fuiste
tú a este encargo entre todas las restantes.»
Aun antes de acabar estas palabras,
hizo la luz un eje de su centro,
dando vueltas veloz como una rueda;