La Divina Comedia
La Divina Comedia luego dijo el amor que estaba dentro:
«Desciende sobre mí la luz divina,
en ésta en que me envientro penetrando,
la cual virtud, unida a mi intelecto,
tanto me eleva sobre mí, que veo
la suma esencia de la cual procede.
De allí viene esta dicha en la que ardo;
puesto que a mi visión, que es ya tan clara,
la claridad de la llama se añade.
Pero el alma en el cielo más radiante,
el serafín que más a Dios contempla,
no podrá responder a tu pregunta,
porque se oculta tanto en el abismo
del eterno decreto lo que quieres,
que al creado intelecto se le esconde.
Y al mundo de los hombres, cuando vuelvas,
contarás esto, a fin que no pretenda
a una tan alta meta dirigirse.
La mente, que aquí luce, en tierra humea;
así que piensa cómo allí podrá
lo que no puede aun quien acoge el cielo.»
Tan terminantes fueron sus palabras
que dejé aquel asunto, y solamente
humilde pregunté por su persona.
«Álzanse entre las costas italianas
montes no muy lejanos de tu tierra,
tanto que el trueno suena más abajo,