La Divina Comedia
La Divina Comedia que coloran el cielo en todas partes,
vi sobre innumerables luminarias
un sol que a todas ellas encendía,
igual que el nuestro a las altas estrellas;
y por la viva luz transparecía
la luciente sustancia, tan radiante
a mi vista, que no la soportaba.
¡Oh Beatriz, mi guía dulce y cara!
Ella me dijo: «Aquello que te vence
es virtud que ninguno la resiste.
Allí están el poder y la sapiencia
que abrieron el camino entre la tierra
y el cielo, tanto tiempo deseado.»
Cual fuego de la nube se desprende
por tanto dilatarse que no cabe,
y contra su natura cae a tierra,
mi mente así, después de aquel manjar,
hecha más grande salió de sí misma,
y recordar no sabe qué se hizo.
«Los ojos abre y mira cómo soy;
has contemplado cosas, que te han hecho
capaz de sostenerme la sonrisa.»
Yo estaba como aquel que se resiente
de una visión que olvida y que se ingenia
en vano a que le vuelva a la memoria,
cuando escuché esta invitación, tan digna
de gratitud, que nunca ha de borrarse