La Divina Comedia
La Divina Comedia prado mis ojos, en la sombra, vieron;
vi asà una muchedumbre de esplendores,
desde arriba encendidos por ardientes
rayos, sin ver de dónde procedÃan.
¡Oh, benigna virtud que asà los colmas,
para darme ocasión a que te viesen
mis impotentes ojos, te elevaste!
El nombre de la flor que siempre invoco
mañana y noche, me empujó del todo
a la contemplación del mayor fuego;
y cuando reflejaron mis dos ojos
el cuál y el cuánto de la viva estrella
que vence arriba como vence abajo,
por entre el cielo descendió una llama
que en cÃrculo formaba una corona
y la ciñó y dio vueltas sobre ella.
Cualquier canción que tenga más dulzura
aquà abajo y que más atraiga al alma,
semeja rota nube que tronase,
si al son de aquella lira lo comparo
que al hermoso zafiro coronaba
del que el más claro cielo se enzafira.
«Soy el amor angélico, que esparzo
la alta alegrÃa que nace del vientre
que fue el albergue de nuestro deseo;
y asà lo haré, reina del cielo, mientras
sigas tras de tu hijo, y hagas santa