La Divina Comedia
La Divina Comedia que tanto me avergüenzan y me irritan.
En traje de pastor lobos rapaces
desde aquà pueden verse prado a prado:
Oh protección divina, ¿por qué duerme?
Cahorsinos y Gascones se apresuran
a beber nuestra sangre: ¡oh buen principio,
a qué vil fin has venido a parar!
Pero la providencia, que de Roma
con Escipión guardar la gloria pudo,
pronto nos salvará, según lo pienso;
y tú, hijo mÃo, que a la tierra vuelves
por tu peso mortal, abre la boca,
y tú no escondas lo que yo no escondo.»
Cual vapores helados nos envÃa
abajo el aire nuestro, cuando el cuerno
de la cabra del cielo el sol tropieza,
asà yo vi que el éter adornado
subÃa despidiendo los vapores
triunfantes, que estuvieron con nosotros.
Con mis ojos seguia sus semblantes,
hasta que la distancia, al ser ya mucha,
les impidió seguir detrás de ellos.
Por ello mi señora, al verme libre
de mirar hacia arriba, dijo: «Baja
la vista y mira cuánta vuelta has dado.»
Desde el momento en que mire primero
vi que habÃa corrido todo el arco