La Divina Comedia
La Divina Comedia tiene aquí su principio como meta;
y este cielo no tiene más comienzo
que la mente divina, donde prende
la influencia y amor que él llueve y gira.
El amor y la luz, a éste rodean
como a los otros éste; y solamente
a este círculo entiende quien lo ciñe.
Su movimiento no mide con otro,
pero los otros se miden con éste,
cual se divide el diez por dos o cinco;
y cómo el tiempo tenga en este vaso
su raíz y en los otros la enramada,
ahora podrás saberlo claramente.
¡Oh tú, concupiscencia que en tu seno
los mortales ahogas, sin que puedan
sacar los ojos fuera de tus ondas!
La voluntad florece en los humanos;
mas la lluvia constante hace volverse
endrinas las ciruelas verdaderas.
La inocencia y la fe sólo en los niños
se encuentran repartidas; luego escapan
antes de que se cubran las mejillas.
Tal, aún balbuciente, guarda ayuno,
y luego traga, con la lengua suelta,
cualquier comida bajo cualquier luna;
y tal, aún balbuciente, ama y escucha
a su madre, y teniendo el habla entera,