La Divina Comedia

La Divina Comedia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Miró a mi alrededor, cual si propósito

tuviese de encontrar conmigo a otro,

y cuando fue apagada su sospecha,

llorando dijo: «Si por esta ciega

cárcel vas tú por nobleza de ingenio,

¿y mi hijo?, ¿por qué no está contigo?»

Y yo dije: «No vengo por mí mismo,

el que allá aguarda por aquí me lleva

a quien Guido, tal vez, fue indiferente.»

Sus palabras y el modo de su pena

su nombre ya me habian revelado;

por eso fue tan clara mi respuesta.

Súbitamente alzado gritó: «¿Cómo

has dicho?, ¿Fue?, ¿Es que entonces ya no vive?

¿La dulce luz no hiere ya sus ojos?»

Y al advertir que una cierta demora

antes de responderle yo mostraba,

cayó de espaldas sin volver a alzarse.

Mas el otro gran hombre, a cuyo ruego

yo me detuve, no alteró su rostro,

ni movió el cuello, ni inclinó su cuerpo.

Y así, continuando lo de antes,

«Que aquel arte —me dijo— mal supieran,

eso, más que este lecho, me tortura.

Pero antes que cincuenta veces arda

la faz de la señora que aquí reina,

tú has de saber lo que tal arte pesa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker