La Divina Comedia
La Divina Comedia y se disuelven y limpian las brumas
que le turbaban, y sonríe el cielo
con las bellezas todas de su corte;
así hice yo, después que mi señora
tan claro respondió, y como en el cielo
brilla una estrella supe la verdad.
Y cuando terminaron sus palabras,
no de otro modo el hierro centellea
candente, cual los círculos hicieron.
Su incendio cada chispa propagaba;
y tantas eran, que el número de ellas
más que el doblar del ajedrez subía.
Yo escuchaba hosanar de coro en coro
al punto fijo que los tiene ubi
y siempre los tendrá, en que siempre fueron.
Y aquella que las dudas de mi mente
sabía, dijo: «Los primeros círculos
te muestran Serafines y Querubes.
Tras sus vínculos siguen tan aprisa
por parecerse al punto cuanto puedan;
y tanto pueden cuanto están más altos.
Esos amores que en torno se encuentran,
llámanse Tronos del poder divino,
y acaba en ellos el primer ternario;
y deberás saber que todos gozan
cuando se profundiza su mirada
en la verdad que aquieta el intelecto.