La Divina Comedia
La Divina Comedia Desde el día primero que su rostro
en esta vida vi, hasta esta visión,
he podido seguirla con mi canto;
mas es forzoso que desista ahora
de seguir su belleza, poetizando,
cual todo artista que a su extremo llega.
Y ella, cual yo la dejo a voz más digna
que la de mi trompeta, que se acerca
a dar fin a materia tan difícil,
con ademán y voz de guía experto
«Hemos salido ya —volvió a decirme—
del mayor cuerpo al cielo que es luz pura:
luz intelectüal, plena de amor;
amor del cierto bien, pleno de dicha;
dicha que es más que todas las dulzuras.
Aquí verás a una y otra milicia
del paraíso, y una de igual modo
que en el juicio final habrás de verla.»
Como un súbito rayo que nos ciega
los visivos espíritus, e impide
que vea el ojo aun cosas muy brillantes,
así circumbrillóme una luz viva,
y cubrióme la cara con tal velo
de su fulgor, que nada pude ver.
«El amor que este cielo tiene inmóvil
siempre recibe en él de igual manera,
por disponer una vela a su llama.»