La Divina Comedia
La Divina Comedia En forma pues de una cándida rosa
se me mostraba la milicia santa
desposada por Cristo con su sangre;
mas la otra que volando ve y celebra
la gloria del señor que la enamora
y la bondad que tan alta la hizo,
cual bandada de abejas que en las flores
tan pronto liban y tan pronto vuelven
donde extraen el sabor de su trabajo,
bajaba a la gran flor que está adornada
de tantas hojas, y de aquí subía
donde su amor habita eternamente.
Sus caras eran todas llama viva,
de oro las alas, y tan blanco el resto,
que no es por nieve alguna superado.
Al bajar a la flor de grada en grada,
hablaban de la paz y del ardor
que agitando las alas adquirían.
El que se interpusiera entre la altura
y la flor tanta alada muchedumbre
ni el ver nos impedía ni el fulgor:
pues la divina luz el universo
penetra, según éste lo merece,
de tal modo que nada se lo impide.
Este seguro y jubiloso reino,
que pueblan gentes antiguas y nuevas,
vista y amor a un punto dirigía.
