La Divina Comedia
La Divina Comedia o a los demás cansase uno tras otro,
de Mongibelo en esa negra fragua,
clamando: "Buen Vulcano, ayuda, ayuda"
tal como él hizo en la lucha de Flegra,
y me asaeteara con sus fuerzas,
no podría vengarse alegremente.»
Mi guía entonces contestó con fuerza
tanta, que nunca le hube así escuchado:
«Oh Capaneo, mientras no se calme
tu soberbia, serás más afligido:
ningún martirio, aparte de tu rabia,
a tu furor dolor será adecuado.»
Después se volvió a mí con mejor tono,
«Éste fue de los siete que asediaron
a Tebas; tuvo a Dios, y me parece
que aún le tenga, desdén, y no le implora;
mas como yo le dije, sus despechos
son en su pecho galardón bastante.
Sígueme ahora y cuida que tus pies
no pisen esta arena tan ardiente,
mas camina pegado siempre al bosque.»
En silencio llegamos donde corre
fuera ya de la selva un arroyuelo,
cuyo rojo color aún me horripila:
como del Bulicán sale el arroyo
que reparten después las pecadoras, t
al corrta a través de aquella arena.