El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —¿Qué sospechas? —preguntaron todos.
El herrero condujo a la señora al cuarto y todavÃa de pie, dijo:
—Esta mañana muy temprano un guardacampo vino a decirnos, al administrador y a mÃ, que en la madrugada, recorriendo los campos que están al pie del monte, y cuando ya habÃa cesado el aguacero, encontró en su casita, en la que no habÃa dormido, a un grupo que se preparaba a salir y a montar a caballo y que seguramente se habÃa guarecido allà del temporal; que recelando de que fuese gente mala, no se acercó por el camino, sino que se metió entre las cañas para observarlo bien. En efecto, eran plateados; cuatro hombres y una mujer joven, muy hermosa, llevando un sombrero de alas angostas y al que estaba atando un pañuelo blanco, antes de montar. Por esta detención pudo reconocerlos bien. A la niña parecÃa haberla visto algunas veces en esta población, y el hombre, que parecÃa jefe de los otros, era el Zarco.
—¡El Zarco! —exclamaron todos aterrados.