El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Pero dicen —objetó el prefecto— que tiene su madriguera en Xochimancas, a pocas leguas de aquÃ, y que cuenta con más de quinientos hombres. Al menos es lo que se dice por aquÃ, y lo que sabemos, porque frecuentemente se desprenden de allà partidas para asaltar las haciendas y los pueblos. En esa madriguera es donde guardan sus robos, en donde tienen a los plagiados, sus caballos, sus municiones, en fin; parece, según noticias que recibimos diariamente, que allà viven como en una fortaleza, que tienen hasta piezas de artillerÃa, hasta músicas y charangas que llevan algunas veces a sus expediciones, y que les sirven también para divertirse en sus bailes.
—Ya sé, ya sé —replicó el comandante con cierto enfado—; pero usted conoce lo que son las exageraciones del vulgo. Todo eso son cuentos; habrán buscado allà refugio alguna vez, habrán permanecido allà dos o tres dÃas, habrán hecho tocar dos o tres clarines, y el miedo de los pueblos ha inventado lo demás, porque no me negará usted, señor prefecto, que ustedes viven muertos de miedo y que ni parecen hombres los que viven en estas comarcas.