El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Pero con razón, señor comandante —dijo el prefecto picado en lo vivo—, con muchÃsima razón si todos esos que usted dice que son cuentos, nos parecen a nosotros realidades; si vemos atravesar por nuestros caminos partidas de cien y de doscientos hombres, bien armados y montados; si se llevan al cerro todos los dÃas a los vecinos de los pueblos y a los dependientes de las haciendas; si se meten donde quiera como en su casa, ¿cómo no hemos de creer?
—Pues bien, y ustedes, ¿por qué no se defienden?, ¿por qué no se arman?
—Porque no tenemos con qué; todos estamos desarmados.
—Pero ¿por qué?