El Zarco. La Navidad en las montanas

El Zarco. La Navidad en las montanas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pilar, que lo había precedido, se acercó al lecho de su madrina, y llamándola varias veces le dijo que Nicolás estaba cerca de ella y que deseaba hablarle. La anciana, como si despertara de un profundo letargo, procurando reunir las pocas fuerzas que le quedaban, levantó la cabeza, se fijó en el herrero, que le alargaba las manos cariñosamente, y entonces reconociéndolo lanzó un débil grito, tomó aquellas manos entre las suyas, las besó repetidas veces, murmurando: «¡Nicolás! ¡Nicolás! ¡Hijo mío!» y luego cayó desplomada, como si aquel esfuerzo supremo hubiera agotado su existencia. Nicolás se inclino al borde de aquel lecho de muerte, y allí, ese hombre de hierro a quien no habían logrado abatir ni las desgracias ni los peligros, se puso a llorar amargamente, afligido ante tamaña desdicha y maldiciendo al destino, que tales injusticias comete.

Doña Antonia aun vivió algunas horas, pero la agonía había sido demasiado prolongada, la vida se había extinguido bajo el peso de tantos sufrimientos, y antes de concluir la noche, aquella anciana virtuosa e infortunada exhaló el último suspiro en los brazos de su ahijada Pilar y junto al hombre a quien había amado como a un hijo.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker