El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas El dolor de la pobre niña fue inmenso. Acostumbrada desde su juventud a ver en doña Antonia a una segunda madre, a quien amaba, además, por su bondadoso carácter y por sus altas y sólidas virtudes, Pilar le era adicta sinceramente, y considerándola ahora abandonada por su hija, con el desinterés y la abnegación que son propios de las almas inteligentes y generosas, su adhesión y amor se habÃan convertido en pasión filial. Asà es que sus cuidados, durante la enfermedad de la anciana, habÃan sido exquisitos, y las vigilias y la inquietud sufridas se revelaban en su bello semblante, pálido y demacrado.