El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas EL PRIMER DÍA
Manuela, pasó los cinco primeros días de su permanencia en Xochimancas, siendo presa de cien emociones diversas, terribles y capaces de quebrantar un organismo más fuerte que el suyo.
El primer día fue horrible para ella. La sorpresa que le causó el espectáculo de aquel campamento de malhechores; la extrañeza que naturalmente le produjeron aquellos hábitos repugnantes, que no tenían ni siquiera la novedad de la vida salvaje; la ausencia de los seres que había amado, de su madre, de Pilar, de algunas personas amigas, hasta la falta de esas sensaciones a las que se está habituado y que en la vida normal pasan inadvertidas, pero cuando desaparecen producen un vacío inmenso; las faenas del día, los toques de las campanas, el ruido de los animales domésticos, el rumor lejano de las gentes del pueblo, el rezo a ciertas horas, todo, todo aquel sistema de vida sencillo, común, poco variable en una población pequeña, pero que podría decirse que amolda el carácter y forma la disciplina de la existencia, todo aquello había desaparecido en pocas horas.