El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —¿Pero tú ves que tu tÃo no viene, que nosotras no podemos irnos solas a México, que confiarnos a otra persona es peligrosÃsimo en estos tiempos en que los caminos están llenos de plateados, que podrÃan tener aviso y sorprendernos… porque se sabrÃa de nuestro viaje con anticipación?
—Y yéndonos con mi tÃo ¿no tendrÃamos el mismo riesgo? —objetó la joven reflexionando.
—Tal vez, pero él tiene interés en nosotras, somos de su familia y procurarÃa acompañarse de hombres resueltos, quizás aprovecharÃa el paso de alguna fuerza del gobierno, o la traerÃa de México o de Cuernavaca; guardarÃa el debido secreto sobre nuestra salida. En fin, la arriesgarÃa de noche atravesando por Totolapam o por Tepoztlán; de todos modos con él irÃamos más seguras. Pero ya lo ves, no viene, ni siquiera responde a mis cartas. Sabrá seguramente como está este rumbo, y mi cuñada y sus hijos no lo dejarán exponerse. El hecho es que no podemos tener esperanzas en él.
—Pues, entonces, mamá, seguiremos como hasta aquÃ, que éstas no son penas del infierno; algún dÃa acabarán, y mejor me quedaré para vestir santos…