El Zarco. La Navidad en las montanas

El Zarco. La Navidad en las montanas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ay Manuelita! —le había dicho esta mujer el primer día en que trabaron conversación—, yo me alegro mucho de que esté usted con nosotros, porque es usted tan bonita y tan graciosa, y porque quiero al Zarco y mi hombre lo quiere también, pero no por eso dejaré de decir a usted que ha hecho una gran tontería de venirse aquí con él. Si le hubiera puesto a usted en alguno de los pueblos, o haciendas, o ranchos donde tenemos amigos, habría hecho mejor y estaría usted más segura y más contenta. Pero aquí, mi alma, va usted a padecer mucho. Para nosotras, que hemos seguido a nuestros hombres en todas las guerras, y que hemos corrido con ellos la ceca y la meca, esta vida ya no es pesada, y al contrario, nos gusta, porque, en fin, estamos acostumbradas, y las aventuras que nos suceden son divertidas algunas veces, fuera de que tenemos también nuestro reparto en ocasiones y nos tocan regulares cosas. Es cierto que pasamos también buenos sustos, y que hay días en que no comemos y noches en que no dormimos, y nuestros hombres nos pegan y nos maltratan, pero, ya digo, estamos acostumbradas y nada nos hace. Pero usted, una niña que ha estado tan recogida siempre, tan metidita en su casa, tan cuidada por su mamá, que tiene usted la carita tan fina y el cuerpecito tan delicado y que no está hecha a pasar trabajos, la verdad, mi alma, me temo mucho que se vaya a enfermar o que le suceda alguna desgracia. Ahora ya lo ve usted, está usted muy triste, se le echa de ver luego en la cara que no está usted contenta, ¿verdad?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker