El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Bueno —replicó Manuelita, no dándose por vencida—, y aun suponiendo que asà sea, mamá, ¿qué lograrÃamos casándome con Nicolás?
—¡Ah, hija mÃa!, lograrÃamos que tomarás estado y que te pusieras bajo el amparo de un hombre de bien.
—Pero si ese hombre de bien no es más que el herrero de la hacienda de Atlihuayan, y si el mismo dueño de la hacienda, que está en México, y que es un señorón, no puede nada contra los plateados, ¿qué habÃa de poder el herrero que es un pobre artesano? —dijo Manuela, alargando un poco su hermoso labio inferior con un gesto de desdén.