El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Pues aunque es un pobre artesano, ese herrero es todo un hombre. En primer lugar, casándote, ya estarÃas bajo su potestad, y no es lo mismo una muchacha que no tiene otro apoyo que una débil vieja como yo, de quien todos pueden burlarse, que una mujer casada que cuenta con un marido, que tiene fuerzas para defenderla, que tiene amigos, muchos amigos armados en la hacienda, que pelearÃan a su lado hasta perder la vida. Nicolás es valiente; nunca se han atrevido a atacarlo en los caminos; además sus oficiales de la herrerÃa y sus amigos del real lo quieren mucho. En Atlihuayan no se atreverÃan los plateados a hacerte nada, yo te lo aseguro. Estos ladrones, después de todo, sólo acometen a las poblaciones que tienen miedo y a los caminantes desamparados, pero no se atreven con los que tienen resolución. En segundo lugar, si tú no querÃas estar por aquÃ, Nicolás ha ganado bastante dinero con su trabajo, tiene sus ahorros; su maestro, que es un extranjero que lo dejó encargado de la herrerÃa de la hacienda, está en México, lo quiere mucho, y podrÃamos irnos a vivir allá mientras que pasan estos malos tiempos.