El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Luchaba con el desaliento general, con el terror a los plateados, con la complicidad de muchas gentes, con la hostilidad de algunas autoridades, meticulosas o complicadas en aquellos crímenes; luchaba, en fin, hasta con la poquedad de ánimo de sus mismos soldados, que no teniendo más aliciente que el de un pequeño sueldo, iban arriesgando la vida, y arriesgándola con los plateados, que daban a los prisioneros y a los plagiados una muerte siempre acompañada de espantosas torturas.
Así es que Martín Sánchez tenía que vencer día a día tremendas dificultades, pero su sed de venganza le dio fuerzas superiores.
Esa sed fue su resorte.
Movido por un sentimiento personal, poco a poco, en él, fueron reuniéndose los rencores generales, como en un pecho común; cada venganza por un crimen de los plateados encontraba en su espíritu un eco, cada asesinato cometido por ellos era inscrito en el tremendo libro de su memoria; cada lágrima de viuda, de huérfano, de padre, se depositaba en su corazón como en una urna de hierro. De vengador de su familia se había convertido en vengador social.
Era el representante del pueblo honrado y desamparado, una especie de juez Lynch, rústico y feroz también, e implacable.