El Zarco. La Navidad en las montanas

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—Yo creo —respondió Martín— que no hay cuidado por esa parte. Saben que estoy por aquí, y no se han de atrever. Pero este don Nicolás sí me tiene con inquietud. Algo le ha de haber pasado, puesto que no llega. Me escribió que saldría de Chalco a la madrugada; debe haber almorzado en Tenango, y ya era hora de que estuviera con nosotros. Es verdad que viene bien acompañado y que además es muy hombre; pero estos malditos son capaces de haberle puesto una emboscada de Tenango acá, aunque yo no tengo noticia de que haya aparecido ninguna partida ayer ni anteayer. Pero usted sabe que los de Ozumba se ponen de acuerdo con los otros, y así hacen sus combinaciones. ¡Pues de veras sentiría yo que le hubiera pasado algo a tan buen amigo! Debí haberme adelantado hasta Juchi o hasta Tenango, pero él me advirtió que donde necesitaba acompañarse conmigo era aquí, porque desde aquí tenía aviso de que lo esperaban sus enemigos, que han jurado que han de acabar con él, lo mismo que conmigo. Y figúrese usted que el pobre va a casarse, y que ha ido a México a emplear una buena cantidad de dinero en las donas; de modo que los malditos, además de matarlo cogerían una buena suma en alhajas. En fin, dejaré a unos muchachos aquí por si viniere, y nos adelantaremos, porque, en efecto, el cargamento ya ha de ir lejos.



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